Ayuntamiento de Marín

Ayuntamiento de Marín
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Dirección: Avenida Orense, 0 S/N
Población: 36900 Marín
Tel.: 986 880 300
web.: www​.concellodemarin​.es

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Ayuntamiento de Marín

En la margen izquierda de la ría de Pontevedra, recostada sobre el mar, se vislumbra la villa de Marín, importante puerto comercial, militar y pesquero del Atlántico. El terreno sobre el que se asienta es suavemente accidentado, presentando pequeñas elevaciones presididas por las cumbres de las sierras de Marín y O Morrazo. Dista de Pontevedra -capital de la provincia- 7 Km., estando perfectamente comunicada con la misma mediante un servicio regular de autobús.

Pueblos remotos dejaron en Marín huellas de su paso: dólmenes, petroglifos y castros. Concretamente en la playa de Mogor se encuentra el famoso laberinto que lleva su nombre, considerado como “máximo problema de la prehistoria española”. Dice la mitología griega que el ciudadano Egeo dejo partir a su hijo Teseo con rumbo a la isla de Creta con el fin de matar al Minotauro, para así liberar a su pueblo de pagar el humillante tributo anual (siete doncellas y otros tantos mancebos que eran llevados al laberinto para servir de alimento al Minotauro).

Cuando se embarca en esta arriesgada empresa, Egeo le da a su hijo dos velas, una blanca y otra negra, para que a su regreso izase la blanca si volvía victorioso y la negra si había fracasado o había muerto. Cuando llegó a Creta, el intrépido Teseo se enamoró de la princesa Ariadna, hija del rey Minos, y esta le entregó un Hilo que le permitiría andar sin perderse por el laberinto. De este modo Teseo logra llegar hasta el Minotauro y darle muerte, salvando así a toda su gente y volviendo victorioso a Grecia en compañía de su amada Ariadna.

Pero, en el camino de regreso, olvida izar la vela blanca, que debía anunciarle al viejo Egeo la buena noticia. Y, el pobre anciano que esperaba ansioso día tras día la vuelta de su hijo desde lo alto de un promontorio de la costa, al distinguir la nave con su vela negra al viento, creyendo a su hijo muerto, lamenta su suerte adversa y se echa al mar.
Es muy notoria la franja toponímica afín que parece darse y que llega desde los Alpes, por entre Francia e Italia, y norte de España. Quizás sea esa inmigración ambro-lirio-lígur –¿los “Sefes”?- anteriores a los celtas. Los “Sefes” serían ya autores de la celtización de Galicia.

Como quiera que sea, los celtas tenían la hegemonía en el NO, hasta la llegada de los romanos. La razón de no sobrevivir un mayor acervo de palabras celtas se debe sin duda a la superior cultura romana.

La palabra desaparece con la cosa al servicio de la cual está. Es un doblar definitivo en nuestra historia, aunque después de instalados los romanos, Corominas cree que el céltico se mantuvo vigoroso hasta los tiempos del Bajo Imperio. Los romanos entran en contacto con Galicia en el año 136 a.C. con D. J. Bruto, razón por la que se le apellida galaico. Por la costa en la que estamos navega en el año 136 a.C. el procónsul Publio Craso y, años más tarde, Julio César en el viaje a Pharum Briganium. En el 26 a.C. se da en Galicia la última resistencia del Monte Medulio. Es cuando bajan los naturales de los castros y los colonos dividen y trabajan la tierra en régimen de granjas o “villae” y mano de obra nativa. Es ahí donde comienza el mundo de hoy, el nuestro.

En Marín, la playa de Portocelo –I, Portu-cellu- o puerto descubre ladrillo y tejas, alguna moneda y cimientos, y en frente, en el mar, ánforas romanas. Con el sistema de granjas se operó el cambio de vida y de lengua en el NO. Las vías romanas militares, más que nada, incluso las secundarias, llegaron a todas partes. De la “Via per loca maritima”, en las cercanías de Pontevedra, partía una de esas vías o “veredae”, que llegaba al Facho de Donón, recorriendo todo O Morrazo y atravesando Marín en toda su longitud.

Los suevos llegan en el año 309, trayendo el desconcierto a la antigua orden. Leer el Cronicón de Idacio es leer el relato de un sinfín de enfrentamientos entre los romanos y los suevos. En el año 585 el reino católico suevo cae en el poder de Leovigildo y Galicia pasa a ser parte del reino Visigodo (Macías, 125 s.s.). Los suevos prácticamente no influyeron en la lengua; los visigodos tampoco. Eran de cultura inferior. Influyeron, y mucho, en la nomenclatura toponímica. Reinhart opina, contra Piel, que el influjo suevo en esto fue mucho mayor de lo que se dice y que a estos se deben “más de 400 nombres germánicos, habiéndose supuesto hasta ahora que eran de origen godo” (Reinhart 295-6). En todo caso, los nombres germánicos impuestos en Galicia desde el siglo VIII no guardan relación étnica, sino solo lingüística, con sangre goda.

En el año 715 llegan los árabes a Galicia. El influjo directo aquí debió ser muy exiguo. A través de ellos debió de llegar el poquísimo influjo árabe que en Galicia detectamos, y al revés, el de Galicia en León, Castilla y Sur, mayor del que se afirma.

Es necesario tener en cuenta la presencia y permanencia de nobles gallegos, de guerreros y trovadores y menestrales, en la corte de León, para no achacar todo matiz occidental al portugués. “Galicia tuvo mucha importancia: fue núcleo del antiguo reino suevo; fue restaurada después, a veces, como reino aparte en beneficio de algún hijo segundo del rey leonés; en Galicia acostumbraban a educar a los príncipes, como Alfonso V, costumbre seguida en el siglo XIII; Galicia era, en fin, gran centro religioso a causa del sepulcro del apóstol Santiago, el templo que atraía la peregrinación española e internacional. Por eso Galicia influyó mucho en la lengua leonesa durante este periodo.” Es también muy significativo, y habrá que dar razón de eso, que las historias árabes llamen al territorio propio, mahometano, “Spania”, mientras que la parte cristiana, sin distinción de reinos, “Galikia”. Incluso alguna vez se dice “Imperio de Galicia”.

Tenemos que tener en cuenta otro pueblo, allá por el siglo X y antes: Los normandos. Llegaban por mar en son de asalto y botín, lo que afectó profundamente y por largo tiempo a la población costera. La gente, en permanente atalaya, hubo de mantenerse alejada del mar.
Lo que hoy es Marín fue, por mucho tiempo, no más que un hangar o cobertizos para unas lanchas y aparejos. El Marín de aquel entonces, el primitivo y evolucionado de una villa del “Bajo Imperio”, estaba tierra adentro, en “Sancro Juliano del Valle Marini”. Una granja romana, como diez más, de nombre “vila” en el municipio. Con la seguridad aumenta la población. Nace Marín, el de hoy. En el año 1112, es cuando aparece nombrada por primera vez, con pocos vecinos y su alfoz y el mar al frente. Un caballero de la corte de doña Urraca, Diego Arias de Deza, recibe de la reina, como recompensa por sus buenos servicios, el coto de Marín. Cuando fallece su esposa toma el hábito del Císter en 1151, ya anciano en el monasterio de Oseira, le cede a este su coto en Marín. “Con todos sus términos, pertenecientes y derechuras” dice el P. Tomás de Peralta, historiador del Monasterio. Pero “los muchos años del dicho Diego y lo austero de la vida monacal… y su volubilidad, le hicieron cambiar de parecer a los cuatro años e irse a los hospitalarios de Portomarín, que hicieron lo posible por llevarse también el coto, con no corta pleito”.

Marín, con todo, estuvo unido en su suerte al monasterio de Oseira por 685 años erigido Priorato.
Oseira tenía aquí un prior y un granjero, con dependencias y servidumbre. Bajo su protección se asientan colonos, se fomenta la pesca y se abre el puerto al comercio. En 1521 el abad de Oseira ordena la construcción del castillo de San Fernando para la defensa y seguridad de Marín. Igualmente, en 1626 se dictan sabias ordenanzas que impulsan la pesca. En el siglo XVIII, Marín es una potencia pesquera y las industrias de salazón, que a mediados de este siglo implantan los catalanes junto con las nuevas artes de pesca, acrecientan su importancia. Durante la invasión francesa los marinenses participaron activamente en la lucha.

En el siglo XIX el puerto es conocido internacionalmente, se establecen líneas de navegación por importantes compañías nacionales y extranjeras y en 1861, se inaugura un servicio mensual directo de Marín a Montevideo y Buenos Aires. Sin embargo, el verdadero progreso de la villa se inicia cuando nuevas técnicas son introducidas en la industria de la pesca. Marín, hoy ciudad viciosa, basa su economía en el puerto. El suyo es el 3º de Galicia, considerado entre los 4 primeros de la península, está dotado de excelentes servicios. Cuenta con una flota pesquera de 1ª magnitud en su modalidad de arrastre con numerosos congeladores de gran radio de acción. Es puerto piloto de la CEE en la pesca de rape. Cuenta con importantes plantas de congelado de gran capacidad así como astilleros de construcción de buques de acero de gran tonelaje. Su puerto comercial con calados de hasta 14m. en línea de atraque cuenta con monumentos de buques mercantes y se encuentra en periodo de ampliación de sus instalaciones.

Información gestionada por Eventos Multiexpo s.l.

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